Historia

GENERALIDADES
 
    

Los orígenes de Grañón se remontan a la construcción de un castillo sobre un cerro testigo -llamado Mirabel- que domina la llanura del río Oja. Éste fue levantado a finales del siglo IX, por el rey de Castilla Alfonso III según nos cuentan los primeros documentos que hablan de esta fortaleza. En la Crónica Najerense  existen menciones sobre un castillo en Grañón que datan del año 885 tal y como señalan algunos estudiosos (AA. VV., Proyecto Petra. Memoria 1989, tomo II, p. 33).

 

    José Gabriel Moya, Begoña Arrúe y Julián Ruiz-Navarro (Castillos y fortalezas de La Rioja, Logroño, Caja de Ahorros de La Rioja, 1992, p. 236), indican el año 889 como la fecha de construcción del castillo de Grañón, el cual formaría parte de una línea defensiva junto a los castillos de Pazuengos, Cerezo, Cellórigo y Bilibio. La misión de esta línea defensiva era proteger los pasos de las Conchas de Haro, La Morcuera y Pancorbo, a través de los cuales los musulmanes penetraban para atacar los territorios orientales del reino astur-leonés. Al amparo del castillo de Grañón surgieron pequeños barrios o aldeas donde se fue estableciendo la población, como el de San Martín, del Castillo, San Miguel, Sparsa o Santa María.


    Grañón aparece citada en la documentación desde épocas tempranas, generalmente vinculada a donaciones. Podemos mencionar como ejemplos el año 925, fecha en la que el presbítero Enneco donó al monasterio de Albelda la villa de Zahal. En el documento de donación aparece citada la "...via de Griñone..." y años después, en el 934, en el privilegio del conde Fernán González de los votos hechos a Santiago y San Millán por la batalla de Simancas, se menciona "...Grañón con sus aldeas...". Podemos señalar otros documentos, como aquel por el que el conde Fernán González donó a San Millán un monasterio en Grañón, fechado en el año 948, en el que puede leerse "...da un Monasterio in villa vulgo vocitata Grannione...".


    Las referencias documentales a Grañón y su término son abundantes en siglos posteriores. El 18 de abril de 1052, el rey de Nájera-Pamplona, Don García, dotó la alberguería o Casa de Misericordia de Nájera con "...la decima de todas mis heredades que se han labrado en Grañon y en todo el alfoz de esta villa...", además de dotar al Monasterio de Santa María la Real con el Monasterio de San Juan de Grañón. (HERGUETA Y MARTIN, Narciso, Colección de documentos para la Historia de La Rioja, Archivo del I.E.R., M/226, volumen I).


    El lugar de Grañón estuvo implicado, en cierta manera, en las luchas territoriales que enfrentaron al rey Sancho VI de Navarra y Alfonso VIII de Castilla, en la segunda mitad del siglo XI. En el año 1176, navarros y castellanos se reunieron bajo el arbitraje del rey inglés Enrique II para solucionar sus diferencias. Una de las reclamaciones del rey navarro era la devolución del castillo de Grañón, que había sido propiedad del rey García Ramírez de Navarra por derecho hereditario, hasta que Alfonso VII se lo arrebató. Sin embargo, Navarra no consiguió su propósito y el castillo de Grañón siguió siendo castellano.


    En 1187 Alfonso VIII concedió un fuero a la villa, en el que probablemente se determinó la planificación jurídica y urbanística del nuevo y definitivo asentamiento que surgirá en este siglo, tal como consideran algunos historiadores (URBINA MERINO, Ángel, "La puebla nueva de Grañón", La voz cultural, nº 40, Grañón, mayo 2002, edita Asociación "Amigos de la ermita de Carrasquedo"). Los habitantes de los barrios que habían surgido en los siglos anteriores se fueron concentrando en torno al monasterio de San Juan, que estaba situado en el mismo lugar que la actual iglesia parroquial de San Juan Bautista. El Camino de Santiago revitalizó el nuevo asentamiento, gracias a que Domingo de la Calzada lo sacó de la vieja calzada romana y lo dirigió hacia Burgos, pasando por Grañón y Redecilla del Camino. En el siglo XII el Camino de Santiago atravesaba Grañón por la calle Mayor y la calle Santiago, aunque a lo largo del siglo XX sufrió modificaciones en su trazado. Una de sus modificaciones tuvo lugar en 1999, fruto de la cual la ruta jacobea cruzó la villa desde el sur, por la calle de las Cercas, en dirección oeste. En la actualidad y gracias a las obras de la "Autopista del Camino" el trazado jacobeo ha recuperado la dirección correcta -de Este hacia el Oeste- y entra en la villa por el barrio de Santiago y la abandona por el paraje urbano conocido como la "Iralta" tras recorrer toda la calle Mayor.


    Grañón estuvo rodeado de murallas, de las que no queda ningún vestigio material actualmente aunque el nombre de "Barbacana" coincide con el espacio que rodea a la Villa por el norte, y el de "Las Cercas" por el sur. A medida que fue consolidándose el nuevo centro urbano, el castillo perdió importancia y la villa fue evolucionando y su población aumentando, desde aquel núcleo inicial surgido en el siglo XII.


    En 1752 el Marqués de la Ensenada, ministro de Fernando VI, realizó un catastro en toda España con el fin de averiguar la hacienda que poseía cada localidad y sus habitantes. En el caso de Grañón, el catastro, conservado en el Archivo Histórico Provincial de La Rioja, señala que "...estta dicha villa es de señorio, perttenecientte al Excelentisimo Señor Duque de Bexar...el termino de estta dicha villa, tomado desde el lebantte al ponientte, tiene tres cuarttos de legua, y desde el nortte al sur una legua, siendo sus linderos y confronttaciones, por la parte de el Cierzo con la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, el lugar de Villalobar, la villa de Bega de Rio Tiron, el lugar de Vlasco y la villa de Leyba. Por Solano el lugar de Corporales, jurisdiccion de dicha ciudad, el lugar de Morales, jurisdiccion de esta villa, por Abrego con la villa de Santurde, Oja Cavero y la de Villarta, por Regañon la villa de Redecilla del Camino...de Hibrillos...".

 

  

Tema a tema:
 
 

EL DEPÓSITO DE ARMAS DEL BRONCE FINAL DE “LOS CASCAJOS”

 

El hasta ahora inédito depósito de armas de «Los Cascajos» es excepcional dentro de su contexto geográfico, ya que es el único recuperado en La Rioja, pero también a nivel peninsular por las piezas que lo integran: por su número, tipología, origen y conservación. Se trata de un conjunto de metales del tránsito del Bronce Final I al Bronce Final II (1200-1000 antes de Cristo), algunos de ellos inéditos en la Península, ya que no son de factura local, sino importados de otros territorios del Bronce Atlántico. Las características formales de algunas piezas señalan el Valle del Támesis como lugar de procedencia, aunque sin descartar el origen galo de otras.

 

En el año 2007, fueron entregadas a la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de La Rioja un conjunto de armas de bronce recuperadas en una parcela del municipio riojano de Grañón. Sorprendentemente, los hallazgos se iniciaron hace unos cuarenta años y han continuado en pequeñas cantidades hasta hace aproximadamente diez. El primer descubrimiento, y el más voluminoso, lo protagonizó el padre de los donantes, Don Vicente Murillo Murillo, cuando durante las labores de cultivo la reja del arado topó con numerosos objetos de bronce depositados en forma de «enrejado» o «emparrillado» acompañado de abundante ceniza.

 

Al parecer, según testimonio de los donantes, la colección de piezas extraída en este primer momento, que fue vendida casi en su totalidad a un chatarrero, pesaba más de 50 kilos y estaba integrada por espadas, lanzas, yelmos, escudos, fíbulas y placas de cinturón. Con el transcurso del tiempo la colección se ha ido dispersando, y en la actualidad únicamente han sido recuperados dieciocho objetos, de los que solo tres son piezas completas.

 

El depósito fue localizado en las proximidades de la triple mojonera de los municipios riojanos de Grañón, Santo Domingo de La Calzada y Corporales; en la ladera sureste de una amplia loma situada a 670 metros de altitud sobre el nivel del mar que, paulatinamente, desciende hasta la terraza y curso del río Oja. Este emplazamiento cuenta con un destacado dominio visual sobre la vega del río, del que dista 2.500 metros de su margen izquierda. En el ámbito del lugar del hallazgo se localiza el yacimiento arqueológico «Los Cascajos», un poblado ganadero de carácter seminómada o trasterminante enmarcado culturalmente en la transición entre el Cobre Tardío/Final y la Edad de Bronce.

 

La excavación arqueológica del yacimiento ha permitido esclarecer que el pastoreo se realizaba con bóvidos y ovicápridos. La actividad ganadera estaría asociada a la existencia de rutas pecuarias, que también surcaron este territorio durante la Edad Media, conservándose una de ellas hasta hace pocas décadas en las cercanías del lugar de hallazgo.

 

Esta vía, denominada «camino de la Dehesa», finalizaba su andadura en las proximidades del lugar del depósito, donde entroncaba con la carretera N-120, actual autovía A-12. Precisamente, buena parte del trayecto de esta importante vía de comunicación, que une las ciudades de Logroño y Burgos, está trazado siguiendo la antigua caminería romana. En el ámbito que nos ocupa coincide con la vía Monasterio de Rodilla a Nájera que, tras pasar por Grañón, se une a pocos kilómetros con la vía de Asturica a Caesaraugusta. Además, a su paso por el yacimiento de «Los Cascajos», la vía viene a coincidir con el Camino de Santiago, fijado definitivamente por la Rioja Alta por Sancho el Mayor (1004 - 1038). A pie del camino jacobeo, a unos 200 metros del lugar donde fue recuperado el depósito, recientemente han sido descubiertos restos arqueológicos relacionados con un edificio cultual con necrópolis asociada de cronología bajomedieval, relacionados con la existencia de un hospital de peregrinos o de un pequeño despoblado. En ese lugar, una cruz conmemora una antigua disputa entre Grañón y Santo Domingo de la Calzada, de posible raigambre medieval, fijando un territorio de frontera.

 

Por lo tanto, el singular depósito broncíneo fue localizado a pie de un importante punto de paso, constatado como corredor natural, y ruta ganadera y comercial desde la Prehistoria reciente hasta la actualidad.

 

Las piezas a estudio, depositadas actualmente en el Museo de La Rioja, suman 18 y entre ellas hay varias muestras de espadas pistiliformes de puño tripartito (empuñaduras y fragmentos de hoja), regatones y puntas de lanza de enmangue tubular.

 

Una vez situado el espacio geográfico y descritos los objetos encontrados, habrá que preguntarse de dónde vinieron y las razones por las que se depositaron en ese lugar.

 

Uno de los rasgos culturales que más caracteriza a la Edad del Bronce es que a lo largo de este periodo, pero principalmente en su fase final, se ocultaron grandes cantidades de objetos metálicos integrantes de los denominados «depósitos», piezas armamentísticas tradicionalmente asociadas a las élites dominantes.

 

Respecto al origen de estos objetos, es conocido que el Bronce Atlántico estaba conformado a partir de distintos centros regionales de producción de metales, unidos mediante el intercambio regular de sus productos que, a su vez, estaban conectados con las redes centroeuropeas de intercambio. Esto implica que los metales, y particularmente las espadas y las lanzas, reproduzcan tendencias generales europeas, a las que hay que añadir las lógicas aportaciones locales.

 

En cuanto al significado del depósito, este yacimiento se localiza en la confluencia de una importante vía de comunicación con una vía pecuaria. Esto resulta fundamental, porque está constada arqueológicamente la existencia en este ámbito de rutas ganaderas desde la misma Prehistoria. Al igual que ocurre en otras culturas, quienes poblaron este espacio eligieron la encrucijada de caminos para la realización de depósitos votivos. Éste y otros ejemplos similares son interpretados como depósitos de carácter profano, que reivindican los derechos de control de un punto estratégico por un líder, quien garantiza el libre paso y la seguridad, favoreciendo principalmente las actividades comerciales. Se trata, por lo tanto, de una zona neutral, un lugar intermedio físico y simbólico, en los que se conjuga una doble función, ritual y práctica.

La destrucción premeditada de las piezas de Grañón, previa a las ofrendas de armas, es un aspecto ritual ya constatado y, por otro lado, el hecho de que las piezas aparecieran dispuestas ordenadamente, formando un emparrillado, y en un embolsamiento de ceniza, indica que el depósito estuvo acompañado de la celebración de algún tipo de ritual religioso.   

                                                                    Carmen Alonso Fernández y Javier Jiménez Echevarría

 

Desde tiempo atrás venimos hablando del descubrimiento en el término municipal de Grañón de ciertos objetos y construcciones que demuestran la ocupación de nuestro espacio geográfico al menos 3.000 años atrás. Así fotografiamos y publicamos los restos de hornos y silos aparecidos junto a la Cruz de los Valientes y nos hicimos eco de lo que la prensa diaria contaba del yacimiento arqueológico conocido como de “los Cascajos”. Es ahora el momento de conocer más datos y para ello presentamos a nuestros lectores la síntesis de otro artículo publicado en la revista GLADIUS bajo el epígrafe “Estudios sobre armas antiguas, arte militar y vida cultural en oriente y occidente” XXIX (2009), pp. 7-38. ISSN: 0436-029X, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El estudio de los materiales encontrados ha sido realizado dentro de los trabajos arqueológicos integrados en la construcción de la Autovía A-12 «Camino de Santiago», llevados a cabo por la empresa CRONOS S.C. Arqueología y Patrimonio, Centro Europeo de Empresas e Innovación, con financiación del Ministerio de Fomento. La restauración y el estudio arqueometalúrgico de las piezas ha corrido a cargo del Gobierno de La Rioja.(Mirabel nº67)

 

 

 

 

YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS EN LOS CORREDORES NATURALES QUE UNEN "LOS CASTILLOS DE GRAÑÓN E IBRILLOS

 

Algunas consideraciones

 

Teniendo en cuenta el carácter de reconocimiento superficial de esta investigación, aunque mejor sería decir de paseo arqueológico, a falta de excavaciones y de otro tipo de intervenciones serias y sistemáticas, las conclusiones finales han de estar afectadas necesariamente por un aire de provisionalidad. No obstante expondremos aquí algunas consideraciones generales:

1.- Entre el llamado Cerro de Grañón y el Castillo de Ibrillos (Burgos) se disponen una serie de asentamientos rurales atribuibles al periodo romano. Basándonos en los materiales que afloran en superficie parece evidente que los restos cubren un amplio arco cronológico y, también, que la ocupación del suelo se acentuó en la época bajoimperial. En ningún caso se encuentran, salvo en ambos cerros, vestigios atribuibles a la fase cultural celtibérica.

 

2.- Las domus se ordenan a lo largo de dos corredores naturales: la margen derecha del río Reláchigo y el camino de Ibrillos. Pensamos que desde la etapa celtibérica necesariamente debieron de existir vías que sirvieran a la comunicación entre ambos poblados, y entre ellos y la ciudad celto-romana de Libia. Naturalmente la presencia de los caminos provocó el ordenamiento de villas y explotaciones agropecuarias romanas junto a sus bordes.

 

3º.- Con los datos que conocemos sobre las distancias entre los sucesivos asentamientos orientados por el curso del río Reláchigo, en todos los casos en torno a los 800-1.000 metros, podemos hablar de una ordenación planificada del paisaje agrícola. Tal vez de una centuriación atípica vinculada a la ciudad de Libia, a cuya influencia urbana directa debió de haber estado sometida la comarca. Un reparto de tierras en el que el camino paralelo al río pudo desempeñar el papel de decumanus maximus, ante el condicionante que el relieve ondulado y los riachuelos ponían al peculiar modelo de cuadriculas dependiente de dos ejes ortogonales(1).

Lo que parece claro es que la presencia del río Reláchigo, la topografía y la calidad de los suelos, actuó como foco de atracción de un poblamiento rural compacto.

 

4º.- Es evidente, por otra parte, que la presencia sobre la calzada de todo tipo de establecimientos (Encomienda de San Juan de Buradón, monasterio de San Martín, el solar de un mercado, etc.) y núcleos de población medievales (Barrio del Castillo de Grañón; Redecilla del Camino) certifican la supervivencia de este tramo del camino hasta el siglo XI, época en la que tuvo lugar la consolidación de las peregrinaciones jacobeas. El discurrir del actual trazado del camino de Santiago unos centenares de metros al sur de la presunta vía romana puede explicarse a partir de la paulatina concentración en la localidad de Grañón de sus dispersos barrios medievales, un movimiento que pudo haberse iniciado ya desde comienzos del siglo XII (2).

Aunque no hemos descubierto restos materiales de la vía (cepas de los puentes, miliarios, vestigios de afirmado, etc.) sospechamos que una investigación sistemática podría aportar datos interesantes para la concreción de este viario romano secundario y de su coincidencia más que probable con el primitivo camino de Santiago en el tramo Grañón-Villafranca Montes de Oca.

 

5º.- El propósito de esta comunicación es dar a conocer a los especialistas este conjunto de hallazgos, para su catalogación y aplicación, si se juzga interesante, del protocolo de intervención arqueológica. Una actuación que ha de estar inevitablemente condicionada por la urgencia que introduce el comienzo de los trabajos de explanación previos a la construcción de la autovía A-12, una infraestructura cuyo trazado coincide con buena parte del camino descrito.

 

                                                                                                                                                    Rufino Gómez Villar

 

 

*(1) Ariño, E.: “Centuriaciones en Libia (Herramélluri, Rioja)”. Actas del XVII CAN, Zaragoza, 1985.

*(2) En 1133, Redecilla del Camino, conocida también en ese siglo XII como Rediciella de Francos, aparece junto a Ibrillos como cabeza de un alfoz. Su estructura urbana responde claramente al tipo de villa-camino. N.A.

 

  

LOS LÍMITES ENTRE GRAÑÓN Y SANTO DOMINGO DE LA CALZADA EN LA EDAD MEDIA

 

La actual vecindad que existe entre Grañón y Santo Domingo de la Calzada no siempre ha sido tal. Durante el siglo XII ambas localidades no limitaban una con la otra, pues entre ellas se encontraba el hoy inexistente lugar de Mata. Al desaparecer este poblado, posiblemente en los inicios del siglo XIII, quedó su territorio anexionado a Santo Domingo de la Calzada, por lo que sólo desde ese momento ambas localidades comenzaron a ser vecinas.

 

Un documento calceatense del año 1136 otorgado por Alfonso VII el Emperador determinaba de forma clara los límites de la entonces incipiente villa de Santo Domingo de la Calzada[1]. El texto señala que por el lado Oeste la localidad lindaba con la Glera, es decir, con el río, por tanto su límite occidental quedaba bastante más al Este que en la actualidad y por tanto lejano al territorio de Grañón. Desde la Glera hasta la actual jurisdicción de Grañón era territorio de otra población llamada Mata.

 

          La historiografía calceatense no ha otorgado demasiada importancia a este lugar, uno de los antiguos poblamientos del entorno que desaparecieron a consecuencia del empuje que pronto fue adquiriendo el nuevo burgo fundado por Santo Domingo. Consecuencia de ello ha sido un olvido prácticamente absoluto y escasas las menciones en los trabajos sobre historia medieval de la ciudad.

 

          Quizás una de las causas fundamentales de esa ignorancia haya sido la ausencia de referencias al lugar en la obra El Abraham de la Rioja, de José González de Tejada, principal fuente bibliográfica durante siglos sobre la ciudad calceatense. Este autor habló detenidamente de San Medel, Ayuela, Pino de Suso y de Yuso y Sonsoto como las poblaciones de las que se nutrió Santo Domingo de la Calzada para aumentar su jurisdicción y su propia población, y no señaló en ningún momento a Mata[2].

 

 

Otra de las razones que propiciaron la ausencia de citas sobre esta localidad fue sin duda su temprano despoblamiento. De acuerdo con la documentación que a continuación se detallará, es posible afirmar que avanzado el siglo XIII ya no existía Mata como entidad jurídica propia, si bien sus restos aún permanecerían visibles durante un tiempo. Sin embargo las anteriores poblaciones indicadas no quedarían extinguidas como entidades locales hasta más de un siglo después, en concreto avanzado el siglo XIV, lo que contribuyó a que se mantuviera más viva su memoria. Además todas ellas desaparecieron prácticamente a la vez.

 

Tal y como se ha señalado arriba, el poblado y territorio de Mata se ubicó en la pequeña llanura que, pasando el puente sobre el río Oja o Glera, discurre hacia el Oeste. Se trata de un terreno muy fértil, con tierras arcillosas que dieron lugar en los siglos XIX y XX a la creación de fábricas cerámicas, y con presencia de buenas fuentes y pequeños cauces fluviales. En definitiva, un lugar propicio para el asentamiento humano. La documentación medieval calceatense no ofrece datos concretos acerca de esta localidad y de su configuración, así como del momento exacto en el que desapareció, no obstante existen un buen número de variadas referencias sobre ese territorio. Sin duda fue una de las primeras poblaciones en desaparecer ante el ímpetu calceatense.

 

La fuente principal para el estudio de Mata son los Cartularios de Santo Domingo de la Calzada, estudiados y transcritos por Agustín Ubieto Arteta en el año 1978[3]. En ellos se observa que desde el siglo XII se produce un significativo número de transmisiones de fincas en el lugar de Mata y su entorno, lo que puede ser indicio de que su acelerado despoblamiento se estaba produciendo. En los años 1137-1146, 1169, 1183, 1181-1199 y especialmente en las dos primeras décadas del siglo XIII: años 1217, 1218 (3 documentos), 1219, 1220 (2 docs.), 1221 (3 docs.), se documentan ventas y donaciones[4]. A estas habría que sumar todas aquellas transmisiones que no llegaron a documentarse y otras que se han perdido.

 

          La documentación no nos ofrece datos con información relevante sobre el lugar. A día de hoy desconocemos por ejemplo si quedó en pie algún templo, tal y como ocurrió con el resto de poblados que fueron desapareciendo en el entorno calceatense; ni los nombres de alcaldes o presbíteros, referencias que sí son habituales en la documentación relativa a esas otras localidades. No obstante sí permaneció el topónimo, lo que redunda en la importancia que tuvo el lugar, y aún hoy a ese amplio territorio que transcurre más allá del río Oja se le conoce como Mata.

 

                                                          FRANCISCO JAVIER DÍEZ MORRÁS

 

Este trabajo consiguió el primer premio de investigación “Villa de Grañón” en su XX edición –año de 2012-.

 

[1] UBIETO ARTETA, Agustín, Cartularios (I, II y III) de Santo Domingo de la Calzada, Zaragoza, Anubar ediciones, 1978, doc. 11.

[2] GONZÁLEZ DE TEJADA, José, Historia de Santo Domingo de la Calzada, el Abraham de la Rioja, Madrid, 1702.

[3] UBIETO ARTETA, Agustín, Notas sobre el patrimonio calceatense. Siglos XII y XIII, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1978;

[4] Cartularios, docs. 14, 46, 47, 64, 80, 111, 116, 117, 118, 121, 123, 125, 127, 129, 130 y 131.

 

 

GRAÑÓN EN EL 36

“En nuestro pueblo fueron fusiladas el 11 de septiembre seis personas: un padre y sus dos hijos, Caracol, mi padre y el abuelo de los Baturros”. Esto es lo único que logré conocer sobre este tema a través de mi amigo Félix Crespo en los largos ratos de charla sentados en el poyo de su casa. Esto y nada más. Yo quería saber sobre aquel fatídico año, pero a él le dolía hablar de un tema que, aunque lejano, tenía muy adentro y muy sentido.

Claro que su padre había sido uno de los fusilados tras el alzamiento de 1936, claro que él –Félix– había empuñado las armas defendiendo paradógicamente a los sublevados, claro que él sufrió en las campañas militares –recuerdo cómo hablaba del feliz encuentro en el castillo-penal de Balaguer con su amigo y convecino Máximo Urraca (el tío de Rosa) y los malos ratos que pasaron juntos–. Él guardaba en su memoria fragmentos de aquella cruenta guerra civil desde el mismo julio de 1936; pero cuando recibió la visita de un historiador deseoso de hablar con la gente que sufrió las consecuencias de aquella contienda, él me confesó, casi con lágrimas en los ojos, que no quería recordar episodios, que me los contaba a mí y que en mí deberían quedar mientras viviese.

Me acaban de decir que Félix ha fallecido. Que tras 94 años de intensa vida se nos ha ido, dejando en este valle de lágrimas, viuda –Casimira–, hijos, nietos, sobrinos… y un amplio reguero de amigos entre los cuales sé que me encuentro.

Sí, como Félix me había dicho, ahora ya se puede publicar lo que me contó y lo que otros han escrito sobre aquel trágico verano del 36.

Así en el libro titulado “Aquí nunca pasa nada. La Rioja 1936”, cuyo autor es Jesús Vicente Aguirre González, se puede leer: “Varios militantes de izquierdas (número indeterminado) son enviados a la cárcel del pueblo por decisión del alcalde (Sancha), con la ayuda de uno de los guardas de campo (Janda). Salen a las pocas horas. Al día siguiente son llamados siete de ellos; uno, no es trasladado a Santo Domingo por tener una rija en un ojo (por prescripción del médico Don Román), los seis que viajan a la ciudad calceatense desaparecen para siempre. Tal vez fusilados en La Pedraja. En algún documento se ha podido leer que “por enfrentarse a las fuerzas públicas”. Parece ser que el tal Don Román consiguió que de Villarta-Quintana nadie fuese llevado a la cárcel de Santo Domingo. Por otra parte se escribe que: tres huidos de Treviana fueron abatidos en el término de Grañón por una partida de gentes de esta villa.

En el mismo libro, entre la larga lista de fusilados en La Rioja durante el 1936-39 aparecen estos datos de hombres domiciliados en Grañón: Eusebio “Huevo” Crespo Barrio, Isidoro "Calcillas", Nicolás "el Caracol" Ortiz Losua, Ignacio Pascual Marín y los hermanos Emilio y Santiago Urraca Corral. Como fecha de ejecución aparece el 11 de agosto de 1936 y como lugar de enterramiento el puerto de La Pedraja, en Burgos.

                                                                                                                                                   Ángel Urbina Merino

 

        

MICROHISTORIAS

 

        Leyendo el libro “Valvanera y su historia", obra de nuestro amigo y recientemente fallecido D. Pelayo Sáinz Ripa, nos hemos enterado de la relación de ese monasterio con nuestra Villa. Así, por ejemplo, sabemos que Francisco López Vallejo, vecino de Grañón, debía pagar una renta de 5 fanegas de trigo y otras tantas de cebada cada año par (se recuerda que las piezas producían un año y descansaban en barbecho el siguiente). Este dato, tomado en las actas de desamortización de 1835 es muy posterior a la siguiente cita que tiene su hecho nada menos que en el siglo XII. En ella se recuerda la magnificencia del emperador Alfonso VII cuando en 1149 cede al monasterio de Valvanera la llamada “Serna de la Horca” que se sitúa cerca de Grañón. Interesante dato éste que nos puede llevar a investigar sobre las fronteras jurisdiccionales de la villa que como era habitual en tiempos medievales se colocaba la horca y picota en los límites del término municipal. (Mirabel nº74).

 

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    Por documentación antigua trasmitida por Francisco Ruiz nos hemos enterado que un 1º de septiembre del año 1696 fue a practicar la Visita oficial en la parroquia de Nieva de Cameros el Visitador general del Obispado de Calahorra Doctor Don Sebastián Vicente del Hoyo, Comisario del Santo Oficio, Cura y Beneficiado de la parroquia de Grañón y Abad perpetuo de Santa María la Real del Campo. (Mirabel nº73)

 

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La luz eléctrica llegó a Grañón en 1904 mediante un acuerdo con la Electra de Tormantos, quien realizó el tendido eléctrico desde la propia central y la instalación por todo el pueblo. La fábrica estaba ubicada en un antiguo molino harinero que se puede contemplar en las fotos que ilustran esta página. Hoy las aguas del Tirón siguen mojando los sillares centenarios de esa construcción sin otra aplicación que la de ser un almacén agrícola. Hace años que desaparecieron turbinas, bobinas, ruedas, aspas y otros tinglados que fueron capaces de producir suficiente energía  como para iluminar las calles y casas de nuestro pueblo hasta 1935, fecha en que se hizo cargo del alumbrado público la Electra de Posadas. Como curiosidad, el primer alumbrado público consistió en treinta y seis lámparas de 16 bujías y cuatro de 10, por el precio anual de 1.000 pesetas, más el 10% con que Hacienda gravaba el consumo de electricidad.  Por otra parte, en cada casa había una o dos bombillas para todas las plantas y habitaciones, y éstas, mediantes largos cables, se movían de un lugar a otro según las necesidades. Nos han contado, por ejemplo, que en  el suelo de la cocina solía haber un agujero que comunicaba con la cuadra por donde se hacía bajar la bombilla cuando hacía falta. Los domicilios pagaban por cada bombilla y existía un solo interruptor que conmutaba todo el tendido eléctrico de la casa (Mirabel nº71)

 

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Nos hemos enterado y así lo contamos que de los 450 riojanos que viajaron en los primeros tiempos del descubrimiento y conquista de América (1492 – 1599) hubo un grañonero. Éste se llamaba Bernardino de Salinas y era hijo de Hernán Sánchez y de María Alonso. Embarcó en el puerto de Sevilla en el año 1555 hacia las tierras de Nueva España (México), donde, según se puede leer en la documentación del Archivo General de Indias, le esperaba su mujer (Mirabel nº71)

 

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Al seguir desgranando las informaciones que sobre Grañón da el Catastro del Marqués de la Ensenada, nos paramos ahora en hablar sobre su Cabildo Eclesiástico durante parte del siglo XVIII. Muchas veces hemos oído aquello de: "en este pueblo había diecitantos curas" y el que quiere ­dárselas de ser de un pueblo más importante aumenta la cifra, ya que solía estar de acuerdo la importancia del municipio, con su riqueza y, ésta, con el número de curas que servían la o las iglesias del lugar. Pues bien, según los datos recogidos en el citado catastro, el Cabildo de la iglesia de Grañón estaba formado por doce beneficiados de residencia perpetua, de los que siete eran de ración entera y cinco de media ración.

 

          Para que nos hagamos idea, una ración entera se componía de ochen­ta fane­gas de trigo, ciento treinta y cinco fanegas y nueve celemi­nes de cebada, ocho fanegas y cinco celemines de centeno, tres fanegas y nueve celemi­nes y medio de avena, cuatro fanegas y siete celemines de habas y arve­jas, 37 cántaras y azumbre y medio de vino, doce corderos, noventa y ocho libras de lana, diecisiete cargas y ocho gavillas de alholvas, cuatro mañas o haces y cuatro cerros de lino, cinco mañas de cáñamo y treinta reales de pollos, cabritos y cerdos. La tributación de diezmos (1) y primicias era distribuido de la si­guien­te forma: a la iglesia de Grañón se diezmaba una de cada diez fanegas y una de cada diez cántaras de vino; los forasteros diezmaban una de cada veinte fanegas y otras tantas cántaras. La primicia era pagada por los vecinos que poseían yugada, entregando catorce celemi­nes de pan trigo y cebada por cada una; el vecino que no tenía animales y sembraba, pagaba tres cele­mines y medio de dicho pan. A­de­más, la Iglesia de Santo Domin­go recibía 365 fane­gas de pan trigo y ceba­da; al Arci­pres­te de Rioja iban 5 fanegas de dicho pan; a los dos Benefi­ciados que ejercían el oficio de Párrocos y Cura de almas, 20 fanegas de trigo y 10 cántaras de vino; a los Mayordo­mos Eclesiásticos, 24 fanegas de trigo y 20 cántaras de vino; al Sacristán, 13 fanegas de trigo, 5 fane­gas de cebada, 4 fanegas de cente­no, 2 cánta­ras de vino, un cordero y un vellón de lana; al Orga­nista, 14 fanegas de trigo; al Médico titular, 15 fanegas de trigo y 20 fanegas de cebada; y a los Medi­dores del grano y vino del hó­rreo, 2 fanegas de cente­no. 2 fanegas de cebada y 4 cántaras de vino. (Mirabel nº70)

 

*1. Anualmente en el hórreo parroquial entraban 1.031 fanegas de trigo, 1501 fanegas y 7,5 celemines de cebada, 86 fanegas de centeno, 36 fanegas y un celemín de avena, 43 fanegas y 7 celemines de habas, 389 cántaras de vino, 116 corderos, 37 arrobas y 8,5 libras de lana, 169 cargas de alholvas, 21 mañas y 8 cerros de lino, 25 más de cáñamo y 285 reales de pollos, cabritos y cerdos. (Estos diezmos se regularon para el quinquenio 1748 a 1752).

 

 

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          En el siglo XVIII existían en Grañón 6 cofradías: Cofradía del Santísimo, Cofradía de la Purísima Concepción, Cofradía de la Santa Vera Cruz, Cofradía de San Ginés, Cofradía de Santa María de Carrasquedo y Cofra­día de Nuestra Señora del Rosario. La Cofradía del Santísimo hacía celebrar misa todos los primeros domingos de mayo y el día del Corpus. La Cofradía de la Purísima Concep­ción hacía celebrar misa todos los sábados del año y el día de la Purísima Concepción, fecha en la que hacían procesión. En la Cofradía de la Vera Cruz celebraban las festividades de la Invención y Exaltación de la Santa Cruz, días tres de mayo y catorce de septiembre, respectivamente. Algunos de sus hermanos se disciplinaban los días de Jueves Santo y Viernes Santo (1). Entre los conceptos de gastos referidos por la Cofradía de Nues­tra Señora de Carrasquedo se relacionan los efectuados en las festivida­des de la Anunciación y San Gregorio. Otros, refieren los corres­pondien­tes a dos procesiones y a la misa que hacía celebrar todos los domingos. La Cofradía del Rosario celebraba un aniversario el domingo del Rosario y procesiones los domingos primeros de mes. (Mirabel nº70)

*1. "Ytem diez y siete reales y veinte y dos maravedíes que se gasta anual­mente en el lavatorio de vino Rosas y polvos con los hermanos que se disciplinan día de Jueves Santto y Viernes Santto" (Archivo Histórico de La Rioja. Carpeta 257, Volumen 302, Cuaderno primero, Folio 110 vuelto).

 

 

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